11:26 may 19, 2010
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Ignacio Rodríguez Burgos
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General
Confianza
El Gobierno anunció un nuevo recorte del gasto de 15.000 millones de euros. Un ajuste que pivota especialmente sobre cuatro patas, tres de ellas sociales y la última, de rebote, también. Las medidas sociales son conocidas: la rebaja de los salarios de los funcionarios, la congelación de las pensiones para el año que viene y la retirada del cheque bebé. El cuarto pilar para reducir el déficit público es la reducción de la inversión pública en más de 6.000 millones de euros. Esta decisión también presenta implicaciones sociales. En la práctica, supone una menor capacidad para generar empleos en un sector especialmente afectado por el paro: la construcción.
La primera impresión de la Unión Europea a estas medidas fue positiva, pero la decisión final la dará en junio la Comisión Europea, que es el organismo que, de verdad, va a efectuar el examen técnico del ajuste. El otro examen lo han dado los mercados de deuda pública. El resultado no ha sido el apetecido.
En la primera subasta de letras después del anuncio del recorte del gasto, el coste para colocar la deuda pública española casi se ha duplicado. En sólo un mes, los intereses que paga España en las letras a un año han pasado del 0,9% al 1,699%. En las letras a 18 meses ha ocurrido algo parecido. Ahora hay que abonar un 2,05% de interés frente al 1,18% de la anterior subasta.
El Ministerio de la Presidencia ha reconocido que la subasta ha sido “floja” y añade que no le “sorprende”. Y esto es lo sorprendente, que no le sorprenda que los inversores reclamen a España un 80% más de intereses y esto después de haber “vendido” un plan de ajuste fiscal sobre pensionistas y funcionarios. Está claro que a pesar de estos sacrificios, los inversores internacionales siguen sin fiarse, no tienen confianza, lo cual para algunos no es sorprendente.
La primera impresión de la Unión Europea a estas medidas fue positiva, pero la decisión final la dará en junio la Comisión Europea, que es el organismo que, de verdad, va a efectuar el examen técnico del ajuste. El otro examen lo han dado los mercados de deuda pública. El resultado no ha sido el apetecido.
En la primera subasta de letras después del anuncio del recorte del gasto, el coste para colocar la deuda pública española casi se ha duplicado. En sólo un mes, los intereses que paga España en las letras a un año han pasado del 0,9% al 1,699%. En las letras a 18 meses ha ocurrido algo parecido. Ahora hay que abonar un 2,05% de interés frente al 1,18% de la anterior subasta.
El Ministerio de la Presidencia ha reconocido que la subasta ha sido “floja” y añade que no le “sorprende”. Y esto es lo sorprendente, que no le sorprenda que los inversores reclamen a España un 80% más de intereses y esto después de haber “vendido” un plan de ajuste fiscal sobre pensionistas y funcionarios. Está claro que a pesar de estos sacrificios, los inversores internacionales siguen sin fiarse, no tienen confianza, lo cual para algunos no es sorprendente.
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01:59 abr 26, 2010
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Ignacio Rodríguez Burgos
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General
El euro y el pegamento
La Comisión Europea ha autorizado la comercialización de un pegamento natural para unir diferentes tipos de carne. El producto es una enzima incolora e insípida. Sus inventores holandeses lo llaman Fibrinex, y sirve para unir, como si fuera una cola de contacto, distintos trozos de carne aunque sean de clases variadas. El resultado final es un filete, pero un filete de retales.
En la economía europea el euro, la moneda única, debería jugar la misma función que este pegamento alimenticio, el Fibrinex: unir en un sólo filete, en una sola moneda, las diferentes economías y realidades de todos los países, aunque fueran de diversas procedencias, sabores contrarios o calidades distantes.
El euro lleva con nosotros más de una década y se enfrenta ahora a la gran prueba de fuego. Una de las partes unidas al euro, Grecia, no es tan incolora e insípida como pensaban los tecnócratas de la Unión. Desde su mismo nacimiento ha habido personajes, instituciones y también naciones que no recibieron al euro con alabanzas. Lo veían como un peligro para el imperio del dólar. En los mercados internacionales, el euro se convirtió en una moneda de referencia y en una divisa refugio. Varios países productores de petróleo, esclavizados al dólar, plantearon en algún momento utilizar la divisa europea como moneda para sus transacciones de crudo. Imposible. Todo ha quedado en aguas de borrajas. Detrás de Grecia no sólo está la recesión y el descalabro de una economía periférica de la Unión porque apenas representa algo más del 5% de su población. Detrás de la crisis griega está la pregunta de si los lentos y apocados líderes europeos tienen lo que tienen que tener para defender hasta el final al euro. La primera en dar el do de pecho, como siempre, es Alemania, que ya no es la locomotora de Helmut Khol sino el tiovivio de las débiles coaliciones políticas de Angela Merkel.
La cuestión final es si mantenemos el euro como uno de los principales pegamentos de la Unión Europea o vamos expulsando partes de la misma, según vayan siendo machacadas por los mercados, como proponen ahora los socialcristianos bávaros. Los inventores del Fibrinex, los inventores del pegamento alimenticio, defienden su invento aduciendo que buena parte de la carne que se desecha para cortar un filete hoy día sólo termina en la trituradora como carne picada.
En la economía europea el euro, la moneda única, debería jugar la misma función que este pegamento alimenticio, el Fibrinex: unir en un sólo filete, en una sola moneda, las diferentes economías y realidades de todos los países, aunque fueran de diversas procedencias, sabores contrarios o calidades distantes.
El euro lleva con nosotros más de una década y se enfrenta ahora a la gran prueba de fuego. Una de las partes unidas al euro, Grecia, no es tan incolora e insípida como pensaban los tecnócratas de la Unión. Desde su mismo nacimiento ha habido personajes, instituciones y también naciones que no recibieron al euro con alabanzas. Lo veían como un peligro para el imperio del dólar. En los mercados internacionales, el euro se convirtió en una moneda de referencia y en una divisa refugio. Varios países productores de petróleo, esclavizados al dólar, plantearon en algún momento utilizar la divisa europea como moneda para sus transacciones de crudo. Imposible. Todo ha quedado en aguas de borrajas. Detrás de Grecia no sólo está la recesión y el descalabro de una economía periférica de la Unión porque apenas representa algo más del 5% de su población. Detrás de la crisis griega está la pregunta de si los lentos y apocados líderes europeos tienen lo que tienen que tener para defender hasta el final al euro. La primera en dar el do de pecho, como siempre, es Alemania, que ya no es la locomotora de Helmut Khol sino el tiovivio de las débiles coaliciones políticas de Angela Merkel.
La cuestión final es si mantenemos el euro como uno de los principales pegamentos de la Unión Europea o vamos expulsando partes de la misma, según vayan siendo machacadas por los mercados, como proponen ahora los socialcristianos bávaros. Los inventores del Fibrinex, los inventores del pegamento alimenticio, defienden su invento aduciendo que buena parte de la carne que se desecha para cortar un filete hoy día sólo termina en la trituradora como carne picada.
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Ignacio Rodríguez Burgos
El mundo de la economía es quizá el más cambiante de la sociedad. Lo vemos en nuestros días y así ha sido también en el pasado. Históricamente los comerciantes, mercaderes y trabajadores fueron los primeros en abrir caminos, descubrir rutas inexploradas y establecer nuevas ideas. El mundo cambia cada 24 horas y la economía cada menos. Este Blog sólo intenta reflexionar sobre estos cambios, hacer preguntas y, si se puede, encontrar alguna respuesta.
* Ignacio Rodriguez Burgos es Redactor Jefe de la Sección de Economía de Onda Cero
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